Volver a portada

Portada

Todo es mentira: Por qué mi gato me ataca por la noche (y tira cosas mientras duermo)

Cuando tu compañero de piso de cuatro patas te mira con odio calculado y las plantas envenenadas no son coincidencia

Álvaro Santisteban/13 de abril de 2026/6 min

Eran las 3:47 de la madrugada. Desperté porque algo pesado cayó cerca de mi oreja. Una lámpara de mesa. Óscar estaba en el borde del armario, mirándome. No con sorpresa. Con evaluación. Con la misma cara que pone cuando observa pájaros por la ventana: interés técnico, cálculo de distancia, paciencia de quien tiene todo el tiempo del mundo.

No es la primera vez. La semana pasada fue un libro de tapa dura. Ayer, una botella de agua llena que explotó a diez centímetros de mi cabeza. Siempre "accidentes". Siempre él "jugando". Siempre yo excusándolo: "es un gato, así son, no tiene malicia". Pero Óscar tiene malicia. Óscar tiene plan.

cita guardada

"En el universo de los convivientes felinos, existen tres categorías de seres: los que creen que dominan, los que aceptan ser dominados, y yo. Yo habito el vacío entre ambas, con la herida de arañazo en la mano, preguntándome cuándo dejé de ser dueño para convertirme en presa, en blanco de pruebas de campo que no sabía que existían, en el único tío de Vallecas que sobrevive a su gato cada noche sin saber si es mascota, carcelero, o qué."

Lleva ocho meses en esto. Ocho meses de "regalos" de animales muertos en la almohada, de maullidos que despiertan solo a mí mientras los vecinos duermen, de momentos en que Óscar se sienta sobre mi pecho a las 5 de la mañana con el peso exacto que impide respirar profundo pero no del todo. He investigado. Los gatos no maullan entre ellos. El maullado es para humanos. Es lenguaje de manipulación. Óscar me habla. Yo no entiendo, pero obedezco.

La consulta

He hablado con veterinarios. Con mi prima la etóloga, que habló de comportamiento, de que en muestras grandes alguien tiene que interpretar mal, de que yo soy anomalía que se explica por proyección, no por evidencia.

Incluso con la vecina del segundo, doña Rosa, que ha visto a Óscar en la ventana, que me miró con ojos de quien ha visto de todo, de quien sabe que algunos gatos nacen con estrella y otros con misión, de quien dijo "ese gato no te quiere, te estudia.

Hay diferencia".

Todos coinciden: no es agresión. Es otra cosa. Es instinto sin filtro, es cuerpo que caza antes que acariciar, es capacidad de no saber que no se puede matar al dueño y por tanto intentar.

Óscar no sabe que la lámpara pesa, que la botella puede herir, que el pecho humano tiene costillas frágiles. Y por no saberlo, no le afecta. Juega libre. Acecha libre.

Pierde también, pero no interés, solo oportunidad, menos veces de las que debería, menos que los gatos que saben demasiado y se aburren.

Mi terapeuta, Elena, dice que es proyección, que veo intención donde hay instinto, que Óscar es animal y los animales no maquinan. Elena tiene razón. Elena siempre tiene razón.

Pero Elena no ha visto mi cara cuando Óscar me mira desde la oscuridad, esa pausa, esa mirada al infinito de la habitación, esa certeza de quien no duda porque no hay qué dudar, porque la zarpa, el salto, el peso ya están elegidos en algún lugar que no es racional, que no es cariñoso, que es.

El veredicto

Anoche soñé que era el ratón. Era presa que no elegí, era caza automática sin saber por qué, era ataque que llegaba sin merecerlo. No tenía defensa. Solo tenía paciencia. Y la certeza de que, tarde o temprano, alguien me miraría, me evaluaría, me juzgaría por sobrevivir sin entender cómo.

cita guardada

"Desperté con la certeza de que, en algún plano del instinto, ya no existo como dueño. Existo como ejercicio. Y que Óscar, aunque gato, me conoce mejor que yo: sabe que necesito creer en lo inexplicable, que necesito que algo en este mundo de croquetas y lógicas no cuadre, que necesito esta columna como única forma de decir que lo vi, que no lo entendí, que no lo entiendo, que el gato sigue en el armario, que sigo sin saber qué es un maullido de verdad, que sigo sonriendo con mis arañazos en la mano, que sigo siendo víctima, observador, loco, genio, compañero, amigo, misterio que camina por el piso con lata de atún en el bolsillo y sueño en los ojos y esta certeza de que algo, alguien, alguna vez, me dijo que adoptara, que confiara, que siguiera, que sigue, que sigue, que sigue."

Javier Morales es autor de "Garras y otras formas de fe". Vive en Vallecas, donde el instinto es vecino y la domesticación es misterio, donde todos tenemos un Óscar, donde esta columna es mi única defensa, mi única supervivencia, mi única ración.

¿Quién fue el de la nota?

Javier Morales es un periodista y cronista urbano madrileño de 41 años que colabora en El Apostador Cultural, revista ficticia especializada en fenómenos de barrio y personajes marginales.

Nació en Vallecas, donde reside, y lleva ocho meses conviviendo con Óscar, un gato atigrado que adoptó "porque parecía tranquilo" y que ahora no le permite cerrar puertas.

Su libro "Garras y otras formas de fe" (Editorial Felina, 2026) es una crónica de veinte años de mascotas sospechosas.

Es conocido en la redacción por haber dormido tres noches en el sofá porque Óscar ocupó la cama y "no se mueve, no es su problema" —"es mi cama, Óscar, tú tienes la tuya"—.

Óscar, cuando se le pregunta por Javier, no responde, solo parpadea lento, que en lenguaje felino es desprecio. Doña Rosa, cuando se le pregunta por Óscar, dice que "ese gato tiene algo, no sé qué, pero tiene". Ambas cosas son ciertas.

#JavierElAcorralado #ÓscarElSospechoso #GatosQueJuzgan #VallecasFelina #InstintoDoméstico #LámparaAsesina #MaullidoDeAmenaza #ColumnasQueNadiePide #MiGatoMeQuiereMuerto

cerrar o compartir expediente

······

comentarios

Conversacion

Una capa final para debate, réplicas y sospechas. Todo queda guardado en Supabase.

r/TodoEsMentira·Publica tu respuesta