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Todo es mentira: La dark web que no busqué pero me encontró

Cuando tu vecino de Vallecas te enseña a usar Tor y descubres que ya estabas dentro

Marta Salcedo/13 de abril de 2026/5 min

A las 17:23, en el portal del edificio de Vallecas, don Anselmo me enseñó a entrar. No a su casa. A la dark web. Sacó un móvil que no era suyo, con funda desgastada de dragón, y abrió Tor como quien abre la puerta del terrado: con familiaridad, con secreto, con la certeza de que yo no sabía lo que me esperaba. "Es seguro si sabes cómo", dijo. Y yo, que no sabía, asentí.

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"En el universo de las redes, existen tres categorías de seres: los que navegan en superficie, los que bucean en profundidad, y yo. Yo habito el vacío entre ambas, con el tutorial de seguridad que no pedí, preguntándome cuándo mi vecino se convirtió en guía, en gurú, en puerta hacia lo que la prensa llama peligro y él llama libertad."

Don Anselmo tiene setenta y dos años. Fue electricista. Ahora es, según él, "curioso". Curioso de política que no se puede decir, de historias que no se pueden contar, de mercados donde todo se compra porque todo tiene precio.

Me mostró foros de filosofía, de teoría conspirativa, de gente que simplemente quiere hablar sin que algoritmos escuchen, sin que publicidad prediga, sin que el Estado —ese padre autoritario que don Anselmo teme desde 1975— sepa qué lee, qué piensa, qué es.

La consulta

He hablado con mi primo el informático, que dijo "no entres, no salgas, no mires". Con un periodista de ciberseguridad, que habló de honeypots, de policía, de que la seguridad es ilusión, de que si entras ya te vieron. Incluso con don Anselmo de nuevo, que me miró con ojos de quien ha visto, de quien sabe que hay sitios que no se nombran, que no se visitan dos veces, que dejan marca en el disco duro y en la conciencia.

Todos coinciden: la dark web es espejo. Refleja lo que llevas. Si buscas libertad, la encuentras. Si buscas oscuridad, te encuentra. Don Anselmo busca libertad, dice.

Pero sus ojos, cuando habla de ciertos foros, de ciertos mercados, de ciertas posibilidades, dicen otra cosa.

Dicen que la oscuridad es adictiva, que la seguridad de ser invisible es embriagante, que setenta y dos años de vida visible pesan cuando descubres que puedes desaparecer, que puedes ser nadie, que puedes ser cualquiera.

Mi terapeuta, Elena, no sabe que entré. No sabe que don Anselmo existe, que mi vecino es mi maestro, que aprendí a borrar huellas, a usar VPN, a no dejar rastro. Elena cree que mi ansiedad es trabajo, es pareja, es Madrid. No es Madrid. Es saber que hay capas debajo, que la ciudad tiene sótanos digitales, que yo estuve ahí, que vi, que no puedo dejar de recordar.

El veredicto

Anoche soñé que era nodo. Era servidor en algún país sin leyes, almacenando datos que no entendía, sirviendo páginas que no veía, siendo puente para gente como don Anselmo, como yo, como los que buscan lo que no encuentran en la luz. No tenía identidad. Solo tenía función. Y paciencia. Y la certeza de que, tarde o temprano, alguien entraría, miraría, y saldría cambiado, marcado, diferente.

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"Desperté con la certeza de que, en algún plano digital, ya no existo como usuario superficial. Existo como profundidad. Y que don Anselmo, aunque jubilado, me conoce mejor que mi gobierno: sabe que necesito secretos, que necesito oscuridad, que necesito esta columna como única forma de confesar que entré, que vi, que no juzgo, que no absuelvo, que simplemente fui, que simplemente estuve, que la dark web no es monstruo ni paraíso es espejo, es reflejo, es nosotros con la máscara quitada, sin algoritmo que nos cuide, sin Estado que nos proteja, solos, finalmente solos, con nuestros verdaderos deseos, nuestros verdaderos miedos, nuestra verdadera oscuridad que no es de la web es nuestra, siempre fue nuestra, que esta columna es mi única luz, mi única superficie, mi única forma de decir que estuve ahí, que volveré, que sigo, que sigo, que sigo."

Javier Morales es autor de "Nodos y otras profundidades". Vive en Vallecas, donde los vecinos son puertas y la web tiene capas, donde todos tenemos un don Anselmo, donde esta columna es mi única IP visible, mi única conexión segura, mi único servidor.

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¿Quién fue el de la nota?

Javier Morales es un periodista y ensayista madrileño de 38 años que colabora en La Capa Oculta, revista ficticia especializada en cultura digital y sociedad de la información.

Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y tiene un máster en Comunicación y Sociedad Digital. Su libro "Nodos y otras profundidades" (Editorial Proxy, 2024) investiga la vida cotidiana en los márgenes de internet.

Es conocido en la redacción por tener instalado Tor "para investigación" y por nunca haber publicado su dirección IP real. Su editor, Clara Menéndez, dice que "escribe como quien sabe demasiado y cuenta demasiado poco".

Don Anselmo, su vecino, dice que "el chico tiene curiosidad, eso es bueno, eso es peligroso". Ambas cosas son ciertas.

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