Estado cuántico
Todo es mentira: Pensé que estaba escaqueándose… hasta que entendí lo que hacía
Cuando tu compañero de La Sirena está en la cámara y en el baño a la vez

A las 14:23, en la cámara frigorífica de La Sirena en Alcorcón, Manolo estaba y no estaba. Su chaqueta azul colgaba del gancho. Su café, aún humeante, ocupaba el sitio de siempre en la mesa de descanso.
Pero él, él estaba moviendo cajas de merluza en el pasillo 7 según el radio, estaba fumando en la puerta de emergencia según el vigilante, estaba en el baño según su propia voz que respondió "ocupado" cuando don Anselmo llamó.
Y sin embargo, cuando fui al pasillo 7, no estaba. Cuando fui a la puerta, no estaba. Cuando esperé al baño, salió otro.
cita guardada
"En el universo de los mozos, existen tres categorías de seres: los que trabajan, los que descansan, y yo. Yo habito el vacío entre ambas, con el radio en la mano, preguntándome cuándo Manolo dejó de ser persona para convertirse en fenómeno, en superposición laboral, en el único trabajador que cumple el objetivo sin estar nunca del todo presente."
Lleva quince años en La Sirena. Quince años de turnos que no termina ni empieza, de horas que no suman ni restan, de existencia que don Anselmo no logra supervisar porque no hay qué supervisar: Manolo cumple sus palets, sus cajas, sus objetivos. Siempre. Pero nadie lo ve hacerlo. Nadie lo ve empezar. Nadie lo ve terminar. Es el espectro del almacén, el fantasma eficiente, el trabajador que el sistema necesita pero no entiende.
La consulta
He hablado con compañeros.
Con mi primo el físico, que habló de superposición cuántica, de que observar altera, de que Manolo tal vez solo existe cuando no lo buscamos, de que el almacén es su caja de Schrödinger y nosotros los gatos que no sabemos si está vivo o muerto hasta que abrimos la puerta y entonces, entonces, él ya no está.
Incluso con Manolo mismo, que me miró con ojos de quien sabe, de quien no explica, de quien simplemente es, de quien dijo "yo trabajo, tú miras, el problema es tuyo".
Todos coinciden: no es pereza. Es otra cosa. Es eficiencia mística, es tiempo doblado, es habilidad de anciano de almacén que aprendió a estar en todos lados sin moverse, que el frío de quince años le congeló el alma y ahora flota, ahora se desplaza, ahora es presencia sin cuerpo, cuerpo sin presencia, mozo que es y no es hasta que don Anselmo asiente satisfecho con los números.
Mi terapeuta, Elena, dice que es disociación, que Manolo se escapa de su cuerpo para no sentir el frío, la monotonía, la vida que no eligió. Elena tiene razón. Elena siempre tiene razón.
Pero Elena no ha visto cómo Manolo aparece cuando hay que aparecer, cómo sabe dónde está cada caja sin mirar el sistema, cómo el almacén es su extensión, su territorio, su cuerpo distribuido en pasillos que recorre sin caminar, que ya recorrió, que seguirá recorriendo cuando todos nos hayamos ido.
El veredicto
Anoche soñé que era Manolo. Era mozo y no mozo, era cuerpo y ausencia, era el que mueve la paleta y el que no está. No tenía forma. Solo tenía función. Y paciencia. Y la certeza de que, tarde o temprano, alguien notaría, alguien preguntaría, alguien escribiría que estuve, que no estuve, que ambas cosas son verdad.
cita guardada
"Desperté con la certeza de que, en algún plano laboral, ya no existo como observador. Existo como parte del experimento. Y que Manolo, aunque mozo, me conoce mejor que yo: sabe que necesito misterio, que necesito creer que hay más, que este trabajo no es solo frío y cajas y números, que hay magia, hay truco, hay superposición de almas que cumplen sin sufrir, que existen sin estar, que esta columna es mi única paleta, mi única cámara, mi única forma de decir que lo vi, que no lo vi, que ambas cosas son ciertas, que Manolo es y no es, que trabajo y no trabajo, que sigo, que sigo, que sigo."
Roberto Vega es autor de "Mozos y otras partículas". Vive en Alcorcón, donde el trabajo es misterio y los compañeros son fantasmas, donde todos tenemos un Manolo, donde esta columna es mi único turno, mi única cámara, mi única superposición.
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¿Quién fue el de la nota?
Roberto Vega es un periodista y escritor madrileño de 37 años que colabora en El Turno de Noche, revista ficticia especializada en cultura laboral y fenómenos de almacén.
Trabajó tres años en la planta de La Sirena en Alcorcón como operario antes de dedicarse al periodismo, experiencia que documentó en su libro "Mozos y otras partículas" (Editorial Cuántica, 2025).
Es conocido en la redacción por mantener una hoja de Excel con las "apariciones" de Manolo —fecha, hora, lugar declarado, lugar real— que ya suma 347 entradas. Manolo, cuando se le pregunta, dice que "Roberto tiene mucha imaginación para no trabajar".
Don Anselmo, su supervisor, dice que "Manolo cumple objetivos, eso es lo único que cuenta". Ambas cosas son ciertas.
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