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Todo es mentira: El fan de Scream de la azotea 5E
Cuando Ghostface espera sentado con una rosa en las afueras de Madrid

A las 18:23, subí a la azotea del edificio 5E en Vallecas para fumar el último cigarro del día. Él ya estaba allí. Sentado en el borde, capucha negra, máscara blanca de Ghostface, la de Scream, la que Wes Craven inventó en los noventa, que ahora es icono, que ahora es este tipo en mi azotea con una rosa que no encaja con la navaja que no veo pero imagino.
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"En el universo de los fans, existen tres categorías de seres: los que coleccionan, los que cosplayean, y yo. Yo habito el vacío entre ambos, fumando mientras Ghostface —o quien sea debajo— sostiene una rosa que no me ofrece."
No me ofreció la rosa. La sostenía para sí mismo, como quien espera, como quien tiene tiempo, como quien ha visto demasiadas películas y aprendió que el asesino también puede tener romanticismo, pathos, motivación psicológica que explicará en el tercer acto. Llevaba veinte minutos allí, según el portero, que lo vio subir y no se atrevió a preguntar. En Vallecas, algunas cosas se ven y se ignoran. En Madrid, todas.
La consulta
He preguntado a mi hermano, que sabe de cine de terror. A mi psiquiatra, que aumentó la dosis. Incluso al chico de la tienda de cómics de la calle Bravo Murillo, que reconoció la máscara instantáneamente: "Ghostface, modelo original, no la de las series de MTV. Ese es purista. Ese es de los de verdad."
Todos coinciden: no es un asesino real. Es un performance. Un happening. Alguien que confunde la vida con slasher, que cree que Madrid es Woodsboro, que su azotea es el set de la escena final donde se revela la identidad. La rosa es detalle poético, guiño al género, toque de clase en un personaje que normalmente no la tiene.
Mi vecina del 3º, doña Carmen, dice que es el espíritu de las películas, que en los noventa todo era mejor, que quizás se perdió, que quizás Madrid le gustó, que quizás se queda. Doña Carmen le dejó una vela en la puerta del tejado. Ghostface no la encendió. No necesita luz. Es luz ausente, es sombra con referencia cultural, es la pregunta de quién será debajo, de si lo conozco, de si soy yo.
El veredicto
Anoche soñé que era la azotea. Él estaba sentado en mí, en mis bordes, en mi letra E pintada de verde que nadie sabe qué significa, que quizás no significa nada, que quizás es código, que quizás es número de víctima en una secuela que no se ha rodado. No tenía cuerpo. Solo tenía espera. Y paciencia. Y la certeza de que, tarde o temprano, alguien subiría, vería, preguntaría "¿qué miras?".
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"Desperté con la certeza de que, en algún plano fílmico, ya no existo como vecino. Existo como extra. Y que Ghostface del 5E, aunque inmóvil, me conoce mejor que yo: sabe qué cigarro es el último, qué noche es la definitiva, qué mirada al vacío es real y cuál es actuación para la cámara que no veo pero sé que está."
Ghostface del 5E, si me lees —y sé que no lees, que estás en personaje, que no rompes la cuarta pared—: mañana no venga. O venga sin máscara, sin capucha, sin rosa que intimida.
Muéstreme su cara de cansancio, de hartazgo, de empleado de videoclub que solo quiere cerrar el turno. Demuéstreme que es mortal, que es Madrid, que es uno más de los que esperan el metro, la paga, el estreno.
Porque ahora mismo, entre tu silencio de goma blanca y mi cigarro, no sé si te temo o te envidio.
Y la diferencia, supongo, no importa cuando la azotea es el único set donde alguien me espera, donde alguien tiene tiempo, donde alguien sostiene una flor que no es para mí pero que tampoco es para otro, que simplemente es accesorio, como yo, como él, como esta ciudad que nos mira desde abajo, que no se inmuta, que ha visto peores cosas en mejores estrenos, que sigue girando mientras nosotros estamos aquí, suspendidos, en el borde, en la E que no significa nada, en la espera que no termina, en esta columna que es mi única forma de decir que estuve, que vi, que no grité, que sigo, que sigo, que sigo.
Carlos Vega es autor de "Azoteas de Madrid y otras escenas finales". Vive en Vallecas, donde los cielos son grises y las azoteas son set de cine, donde todos hemos visto algo que no nombramos, donde el 5E es leyenda y es VHS, donde esta columna es mi única prueba de que él existió, de que yo existí, de que la rosa sigue allí, marchita pero presente, esperando al siguiente, al que viene, al que siempre viene con navaja y spoilers.
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